A nuestros menores

A poco que dejemos a los niños avanzar, ser ellos mismos, guiándolos desde la distancia, haremos adultos mucho más sanos, auténticos y sabios. Es nuestro deseo de satisfacer nuestros propios anhelos, nuestro vacío interior, el que nos mueve a intervenir. ¡Cuánta sabiduría reconoceríamos en nosotros mismos si escucháramos u observáramos a los niños!
No para hacer lo que hacen ellos, sino para permitir que aflore nuestra espontaneidad, nuestra identidad oculta, nuestros dones y talentos, que las máscaras que portamos nos impiden expresar.
Recuerdo ahora a Gandhi cuando dijo que Los niños son vistos como la clave para transformar la sociedad y erradicar la violencia. Cuántos conflictos hubiéramos evitado, cuántas injusticias, cuántos vanos intentos de imponer nuestra falsa verdad.