Más allá de si las denominaciones de los días tienen o no relevancia, sí podemos aprovechar la ocasión para reflexionar y recapacitar sobre lo que representa el 30 de enero, día escolar de la no violencia y la paz.
Qué importante educar a los niños con estos preceptos, no como un concepto para realizar una puesta en escena y quedar bien, sino como un compromiso de tomar acciones que perduren en el tiempo.
Pequeños gestos propician grandes cambios. Es un buen momento para reivindicar la no violencia y la paz, en primera instancia desde la convivencia cercana, con el ejemplo de los mayores para que los menores vean que otra forma de hacer las cosas, de comportarnos, de pensar, es posible. Sin castigo, sin recompensas, sin recriminar nada, solo haciéndonos conscientes de que esos cambios producen una mejor convivencia que nos permitirá crear una sociedad mucho mejor.
Quizá es hora de que en los colegios se comience a dar más importancia de la que le hemos dado hasta ahora, quitándole un poco de tiempo a alguna asignatura, dándole más tiempo a la convivencia. La neurociencia está demostrando que en nuestro cuerpo se producen ciertas reacciones químicas, motivadas por lo que ya se nos había enseñado hace miles de años. Los efectos que produce la meditación en nuestro organismo, sentir amor, sentir compasión, empatía… Todo ello produce una química que nos hace sentir en calma y nos sana. Eso es ser humano. También nos explica que el estrés sostenido en el tiempo apaga esa parte de la biología y puede llegar a enfermarnos porque nos aleja de las cualidades básicas que tenemos como esos seres humanos que somos. Seguro que en la asignatura de ciencias naturales y biología se puede encontrar un pequeño espacio para integrar todo este conocimiento que ahora está demostrado científicamente.
Es muy importante introducir lo que la neurociencia está demostrando cada día desde que los niños son pequeños, implicando a su vez a los padres, para que entre todos puedan comprender que no es porque una religión lo diga, o porque sea más bonito, o porque sea mejor ser “buenos”. Simplemente la vida fluye mucho mejor y como sociedad avanzaríamos muchísimo más rápido, llevando a cabo una transformación personal profunda que nos hará tener en cuenta valores a los que no les hemos dado importancia.
Pienso en lo económico que resulta porque no implica una gran inversión ni de tiempo ni de dinero, pero aunque cueste, el valor que se obtiene a corto, mediano y largo plazo es enorme, por ponerlo en términos de economía y márketing, lo que demuestra que un cambio profundo puede empezar en cualquier momento sin necesidad de una gran inversión. Con pequeños ajustes se podemos ir transformándonos y convertirnos en un ejemplo para otros.
El universo de posibilidades que se abre es enorme, ya que permite dar rienda suelta a la invención, a ser creativos y a compartir experiencias, pudiendo poner en marcha una interacción donde todos tengamos la posibilidad de sentirnos parte de algo mayor, de expresarnos cada quien poniendo en práctica nuestros dones, sin miedo al qué dirán o a lo que creemos que son limitaciones.
El valor de una educación de respeto, de autoexpresión, de autodescubrimiento, de colaboración, no es baladí, es algo que además las empresas buscan y buscarán por encima de titulaciones, a la vez que puedan aportar su conocimiento innato, sus dones, aportando ese valor para el beneficio de todos. Sentir que somos parte de la sociedad, no sentirnos excluidos, aunque tengamos heridas que nos pueda hacer creer que es así.
Llevarlo al núcleo familiar es un aporte que desde la humildad de los más pequeños pueden hacer pensar a los mayores que la diferencia no es una limitación ni una amenaza, sino enriquecimiento para todos, la familia y el resto del mundo. Permitirnos ser diferentes ha posibilitado a innumerables personas crear e innovar, teniendo que vencer muchas dificultades porque la resistencia de los conciudadanos ha levantado barreras que les han llevado a realizar un esfuerzo que en ocasiones les ha costado la vida.
Estamos viviendo en una época en que lo que se premia es la innovación, vemos cómo los países que están llevando a cabo cambios en la educación, abriéndose a otras posibilidades más realistas motivando e incentivando a niños y jóvenes, están consiguiendo unos resultados impresionantes.
Pero a la vez es importantísimo lo mencionado al principio, apreciar el valor del respeto al otro, de no hacer al otro no que no queremos que nos hagan a nosotros, de respetar todas las formas de vida, de respetar la naturaleza y convivir en paz y armonía.
Como seres humanos estamos acostumbrados a cambiar a través del dolor, del conflicto o del trauma y eso lo llevamos en nuestra memoria celular. Es por esta razón que el cambio cuesta tanto. El mundo avanza rápidamente pero nos quedamos rezagados porque no somos capaces la mayor parte de las veces de responder asertivamente.
Sin embargo, vemos cómo la juventud parece estar, una gran parte, desconectada de los mayores. Todos tenemos que aprender unos de otros, los mayores aportando nuestra experiencia, desde donde hemos tropezado para que ellos no lo hagan, y también, por supuesto, nuestra sabiduría y habilidades desarrolladas a lo largo de nuestra vida.
Siento que tenemos que cambiar ya nuestra mirada hacia los niños, que son los primeros que están en la actualidad absorbiendo lo que les rodea y facilitarles que pongan en práctica sus dones y talentos, porque los mayores sabemos que la frustración por no llevar a cabo lo que desde nuestro interior más profundo quiere manifestarse en la vida, nos lleva a infravalorarnos, y puede llevar a rencillas, celos, odio, violencia emocional, verbal… y esta es la semilla para que la violencia y la confrontación se manifieste.
La vida es cada día un lienzo en blanco que podemos comenzar a pintar. Decía el poeta caminante no hay camino, se hace camino al andar.
Este 30 de enero la UNESCO lo ha designado como el día de la no violencia y de la paz en recuerdo del día en que murió Gandhi en el año 1964. Un ejemplo de que la libertad se consigue por convicción, por no devolver el golpe, y por recuperar nuestro poder interior. La educación, despertar los dones que cada uno tenemos, crear un futuro diferente más armonioso, aprendiendo a convivir respetando a los que son diferentes y llevar a cabo una transformación silenciosa y en paz, donde todos aprendamos de todos, siendo tolerantes incluso con quienes creemos que nos ofenden o humillan, pero firmes llevando a la práctica nuestro propio trabajo interior en la que la paz, la tolerancia, la empatía y un corazón compasivo sea nuestra bandera.

